El diablo sabía que al comer del fruto prohibido nos daríamos cuenta de lo que es bueno y lo que es malo, como también sabía que nos caería una enorme responsabilildad: sobreponernos a las tentaciones de pecar, cosa que no es fácil porque no somos perfectos como Dios. Sabiendo eso el diablo y reconociendo el profundo odio que nos tiene porque Dios nos ama, decidió ir a engañar a Adán y a Eva para que comieran del fruto y desencadenar sobre ellos y sus descendientes la tentación y el pecado para que – al morir – nos fuéramos al infierno con él y sus ángeles caidos, es decir, que nos fuéramos a la cárcel con él como cómplices del pecado.

Pero el diablo no contaba con la astucia de Dios, pues al mandar a su hijo Jesús a morir por nosotros en la cruz hizo que se pagaran todos los pecados de la humanidad: la que había muerto y la que estaba por venir en tiempos futuros. Haz de cuenta que la sangre de Jesús se transformó en un billetote con el nombre escrito de cada uno de los seres humanos, y que con ese billetón pagó nuestra fianza para sacarnos de la cárcel; como el nombre del diablo no viene escrito en el billete, pues se va a quedar en el “botellón” y eso le da más odio contra nosotros: que no sólo Dios nos quiera, si no que Jesús no ame también. Por donde lo veas, nos aman los “mero meros amos del universo” (y no nos referimos a He-Man y sus primos), y al diablo, pues nadie lo quiere… es la verdad.

Cuando una prueba de dolor golpeé tu vida ten en cuenta esto: es una consecuencia del pecado original y el diablo lo está agravando y gozando para que pienses que Dios no te ama y que es culpa suya que sufras… para que no busques a Dios y no cumplas el propósito de tu vida: volver a él porque siempre has sido parte de él…¡así que aguas y ojo de chícharo!

La vida tiene un propósito: no todo es diversión, trabajo o vagancia. Nuestro tiempo en la tierra tiene un propósito: conocer a Dios y conectar con él y regresar a él al morir,  y podemos lograrlo platicándole nuestras cosas todos los días (a solas), leyendo su “feis” y su “insta” (Bliblia), porque a través de la Biblia Dios dejó para ti una especie de “manual” para la vida, para que sepas qué hacer cuando no sabes qué hacer.

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